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sábado, 7 de febrero de 2009

CONSUMO DE MARIHUANA EN MONTERREY (II)

En un artículo de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León he encontrado el siguiente informe, de Guzmán Facundo y Magdalena Castillo.
Me parece relevante que un factor de riesgo sea el no tener practicas religiosas y por muy contradictorio que parezca el que sea otro factor de riesgo el de “tener un trabajo remunerado” esto aplica principalmente en los adolescentes.
Hace mención el artículo la falta de investigación aplicando una metodología el modelo de etapas motivacionales de factores múltiples McMOS.


En diferentes estudios sobre las etapas de adquisición de drogas realizados en adolescentes estudiantes norteamericanos y mexicanos, se ha encontrado evidencia empírica en cada una de las etapas de adquisición sobre el uso de droga licitas e ilícitas.
Estas categorías de las etapas de adquisición se han encontrado asociadas con factores de riesgo y protección tales como: medio ambiente, capacidad conductual, expectativas y aprendizaje observado con esta conducta, la edad, el sexo, la relación con amigos con conductas maladaptativas.
Otros estudios han reportado algunos factores de riesgo que explican el consumo de drogas en población adolescente como; el iniciar a fumar en etapas tempranas, consumir bebidas alcohólicas, tener amigos usuarios de drogas, padres usuarios de drogas, el no tener practica religiosas, mantener interacción prolongada con grupos de amigos usuarios, aunada las características del medio ambiente, físicas y sociales de la zona de residencia, el asistir a fiestas y reuniones donde consuman droga, la edad, el sexo, la escolaridad y el tener trabajo remunerado
.Sin embargo en México no se ha estudiado el fenómeno de las droga de acuerdo a la perspectiva teórica de McMOS(modelo de etapas motivacionales de componentes múltiples)en adolescentes y jóvenes que pertenecen a bandas juveniles y se han encontrado muy pocos estudios que aborden la problemática de las drogas en este grupo de adolescentes y jóvenes que pertenecen a bandas juveniles, por tales razones es de importancia conocer los factores de riesgo que se asocian con el consumo de drogas licitas e ilícitas según etapas de adquisición en adolescentes y jóvenes que pertenecen a bandas juveniles.

jueves, 13 de noviembre de 2008

CULTURA Y RELIGION,SANA LAICIDAD

El Papa reclama una “sana laicidad” que valore tradición cultural y religiosa

En su discurso al nuevo embajador de San Marino


CIUDAD DEL VATICANO, jueves 13 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI abogó este jueves por el establecimiento en Europa de una "laicidad sana", basada en la "colaboración mutua, cada una con su ámbito específico, en respeto recíproco y diálogo constante", durante su discurso al nuevo embajador de la República de San Marino, Sante Canducci.

"Sólo en estas condiciones de laicidad sana e puede construir una sociedad en la que convivan pacíficamente tradiciones, culturas y religiones diversas, afirmó el Papa.

Advirtió también que "separar totalmente la vida pública de todo valor de las tradiciones, significaría meterse en un camino cerrado y sin salida".

El obispo de Roma explicó que esta pequeña república enclavada en territorio italiano puede, "mediante la valoración de su heredad greco-romana enriquecida por su encuentro con el cristianismo" ayudar a convertir a Europa "en tierra de diálogo y 'casa común' de naciones con sus peculiaridades específicas y religiosas".

Por otro lado, añadió, la "sana laicidad" comporta que "cada realidad temporal se rija por sus propias normas, las cuales sin embargo no deben olvidar las instancias éticas fundamentales, cuyo fundamento reside en la propia naturaleza del hombre".

"Cuando la Iglesia católica, a través de sus legítimos pastores, apela al valor que estos principios éticos fundamentales, enraizados en la heredad cristiana de Europa, tienen en la vida privada y aún más en la pública, se mueve únicamente por el deseo de garantizar y promover la dignidad inviolable de la persona y el auténtico bien de la sociedad".

Benedicto XVI expresó su simpatía por este pequeño estado europeo, que según la tradición fue fundado alrededor del monte Titano, en el año 301 d.C., por Marinus, un cantero cristiano huido de las persecuciones de Diocleciano.

El pontífice alabó la riqueza de "las tradiciones culturales y religiosas" que San Marino ha sabido mantener a lo largo del tiempo, así como su tradicional defensa de la familia.

"Cada nación e institución , grande o pequeña, está llamada a cooperar activamente en la construcción de una comunidad internacional apoyada en valores humanos y espirituales compartidos", tarea a la que San Marino "también debe contribuir", añadió.


La Serenísima República de San Marino, miembro de la ONU, es la república más pequeña y antigua de Europa. Cuenta con algo menos de 30 mil habitantes, en gran mayoría católicos.

Por Inma Álvarez

CULTURA Y RELIGION,SANA LAICIDAD

El Papa reclama una “sana laicidad” que valore tradición cultural y religiosa

En su discurso al nuevo embajador de San Marino


CIUDAD DEL VATICANO, jueves 13 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI abogó este jueves por el establecimiento en Europa de una "laicidad sana", basada en la "colaboración mutua, cada una con su ámbito específico, en respeto recíproco y diálogo constante", durante su discurso al nuevo embajador de la República de San Marino, Sante Canducci.

"Sólo en estas condiciones de laicidad sana e puede construir una sociedad en la que convivan pacíficamente tradiciones, culturas y religiones diversas, afirmó el Papa.

Advirtió también que "separar totalmente la vida pública de todo valor de las tradiciones, significaría meterse en un camino cerrado y sin salida".

El obispo de Roma explicó que esta pequeña república enclavada en territorio italiano puede, "mediante la valoración de su heredad greco-romana enriquecida por su encuentro con el cristianismo" ayudar a convertir a Europa "en tierra de diálogo y 'casa común' de naciones con sus peculiaridades específicas y religiosas".

Por otro lado, añadió, la "sana laicidad" comporta que "cada realidad temporal se rija por sus propias normas, las cuales sin embargo no deben olvidar las instancias éticas fundamentales, cuyo fundamento reside en la propia naturaleza del hombre".

"Cuando la Iglesia católica, a través de sus legítimos pastores, apela al valor que estos principios éticos fundamentales, enraizados en la heredad cristiana de Europa, tienen en la vida privada y aún más en la pública, se mueve únicamente por el deseo de garantizar y promover la dignidad inviolable de la persona y el auténtico bien de la sociedad".

Benedicto XVI expresó su simpatía por este pequeño estado europeo, que según la tradición fue fundado alrededor del monte Titano, en el año 301 d.C., por Marinus, un cantero cristiano huido de las persecuciones de Diocleciano.

El pontífice alabó la riqueza de "las tradiciones culturales y religiosas" que San Marino ha sabido mantener a lo largo del tiempo, así como su tradicional defensa de la familia.

"Cada nación e institución , grande o pequeña, está llamada a cooperar activamente en la construcción de una comunidad internacional apoyada en valores humanos y espirituales compartidos", tarea a la que San Marino "también debe contribuir", añadió.


La Serenísima República de San Marino, miembro de la ONU, es la república más pequeña y antigua de Europa. Cuenta con algo menos de 30 mil habitantes, en gran mayoría católicos.

Por Inma Álvarez

domingo, 5 de octubre de 2008

Cuenta el Laico con Dios?



"Moral laica"
Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

La llamada de Dios: anécdotas, relatos y reflexiones sobre la vocación
Alfonso Aguiló




Ética con Dios y ética sin Dios
Muchos padres y educadores están preocupados por la educación moral de sus hijos, alumnos, etc. Ven que bastantes de sus actuales problemas tienen la raíz en una deficiente o insuficiente formación básica en las convicciones morales, criterios de conducta, ideales de vida, valores, etc. Pero lo que más me llama la atención es que bastantes de esos padres y educadores, aun considerándose buenos creyentes, apenas cuentan con la fe a la hora de educar, y eso me parece un error de graves consecuencias.
Es cierto que se puede tener una moral muy exigente sin creer en Dios. Y también es cierto que existen personas de gran rectitud moral que no son creyentes. Y es verdad que se pueden encontrar doctrinas éticas respetables que excluyen la fe. Pero no veo que ninguna de esas razones haga aconsejable que una persona creyente eduque a sus hijos como si no tuviera fe, o que ignore la importancia que tiene la religión en la educación moral de cualquier persona.
De entrada, no veo cómo puede existir una ética que prescinda totalmente de Dios y pueda considerarse racionalmente bien fundada, pues la ética se remite a la naturaleza, y ésta a su autor, que no puede ser otro que Dios. Además, una ética sin Dios, sin un ser superior, basada sólo en el consenso social, o en unas tradiciones culturales, ofrece pocas garantías ante la patente debilidad del hombre o ante su capacidad de ser manipulado. Una referencia a Dios sirve –y la historia parece empeñada en demostrarlo– no sólo para justificar la existencia de normas de conducta que hay que observar, sino también para mover a las personas a observarlas. El creyente se dirige a Dios no sólo como legislador sino también como juez. Porque conocer la ley moral y observarla son cosas bien distintas, y por eso, si Dios está presente –y presente sin pretender acomodarlo al propio capricho, se entiende– será más fácil que se observen esas leyes morales.
O Dios o yo
En cambio, cuando se prescinde voluntariamente de Dios, es fácil que el hombre se desvíe hasta convertirse en la única instancia que decide lo que es bueno o malo, en función de sus propios intereses. ¿Por qué ayudar a una persona que difícilmente me podrá corresponder? ¿Por qué perdonar? ¿Por qué ser fiel a mi marido o mi mujer cuando es tan fácil no serlo? ¿Por qué no aceptar esa pequeña ganancia fácil? ¿Por qué arriesgarse a decir la verdad y no dejar que sea otro quien pague las consecuencias de mi error?
Quien no tiene conciencia de pecado y no admite que haya nadie superior a él que juzgue sus acciones, se encuentra mucho más indefenso ante la tentación de erigirse como juez y determinador supremo de lo bueno y lo malo.
Eso no significa que el creyente obre siempre rectamente, ni que no se engañe nunca; pero al menos no está solo. Está menos expuesto a engañarse a sí mismo diciéndose que es bueno lo que le gusta y malo lo que no le gusta. Sabe que tiene dentro una voz moral que en determinado momento le advertirá: basta, no sigas por ahí.
Sin religión es más fácil dudar si vale la pena ser fiel a la ética. Sin religión es más fácil no ver claro por qué se han de mantener conductas que suponen sacrificios. Esto sucede más aún cuando la moral laica se transmite de una generación a otra sin apenas reflexión. Como ha señalado Julián Marías, los que al principio sostuvieron esos principios laicos como elemento de un debate ideológico, tenían al menos el ardor y el idealismo de una causa que defendían con pasión. Pero si esa moral se transmite a los más jóvenes, a los hijos, y después a los hijos de estos, sin ninguna vinculación a creencias religiosas, es fácil que ese idealismo quede en unas simples ideas sin un fundamento claro, y por tanto pierden vigor.
Lo humano y lo sobrenatural a la vez
Cuando se niega que hay un juicio y una vida después de la muerte, es bastante fácil que las perspectivas de una persona se reduzcan a lo que en esta vida pueda suceder. Si no se cuenta con nada más, porque no se cree en el más allá, el sentido de última responsabilidad tiende a diluirse, y la rectitud moral se deteriora más fácilmente.
¿Y qué decir al que, a pesar de buscar a Dios, no tiene fe? Le diría que buscar a Dios es un paso importante, y que casi siempre supone tener ya algo de fe. Si la búsqueda es sincera, tarde o temprano lo encontrará. Yo recomendaría a esa persona que pensara en su propia conducta y en la verdad, que reflexionara sobre qué está bien y qué está mal, y que procurara actuar conforme a ello, pues tal vez es Dios precisamente quien se lo está pidiendo, y al obrar bien se dispone a descubrir a quien es la fuente del bien.
Hay ocasiones en que los motivos de conveniencia natural para obrar bien nos impulsan con gran fuerza. Pero hay otras ocasiones –y no son pocas–, en que esos motivos de conveniencia natural pierden peso en nuestra mente, por la razón que sea, y entonces son los motivos sobrenaturales los que toman un mayor protagonismo y nos ayudan a actuar como debemos. Prescindir de unos o de otros es un error moral y un error educativo de gran alcance. Por eso, los padres creyentes que dan poca importancia a la formación religiosa de sus hijos suelen acabar por darse cuenta de su error, pero casi siempre tarde y con amargura.

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