LA MANIPULACION DE LA ONU LLEGA HASTA MANIFESTAR LO QUE NO DICEN QUIENES LA ONU DICE QUE LO DICEN.
5. Reconocer plenamente los derechos sexuales y reproductivos de las personas
jóvenes, particularmente el derecho a decidir, mediante el acceso universal a
servicios de salud sexual y reproductiva, que sean confidenciales y propicios
para los jóvenes, incluyendo acceso a una educación de la sexualidad integral
basada en información científica, en contextos formales y no formales.
Implementar intervenciones efectivas clave en la atención a la salud materna,
incluyendo acceso a un agama completa de anticonceptivos y aborto seguro.4
Este blog esta iniciando y hay un poco de varios temas con el tiempo se ira perfeccionando. Sobre todo importa expresar la opinion sobre asuntos sociales. http://kantu-opinion.blogspot.com/
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jueves, 7 de octubre de 2010
domingo, 22 de marzo de 2009
martes, 16 de diciembre de 2008
La Econnomia de Mercado...Nuevo Planteamiento
Tokio 16 de diciembre 2008
La miseria económica constituye una amenaza para la paz mundial, y la aplicación rígida, sin reglas morales, de las leyes del mercado es una de las principales causas de humillación de la dignidad humana". Así lo afirman los obispos de Japón, en un mensaje hecho público con motivo del Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos.
En el texto, que recoge el diario "L'Osservatore Romano" en su edición de este martes, los prelados afirman que para asegurar la paz en el mundo es urgente "garantizar a todos, y mucho más en el clima de incertidumbre actual por la crisis económica mundial, la aplicación de los derechos humanos, liberando a los pueblos de la miseria".
Los obispos reconocen el "largo e importante camino" recorrido tras las dos guerras mundiales y la proclamación de los derechos humanos, y los esfuerzos de "muchas personas y organizaciones" en este sentido.
Sin embargo, recuerdan, "es un hecho que la desigual distribución de la riqueza y, en consecuencia, la desigual distribución de los beneficios, ha ampliado las diferencias entre los países ricos y los países pobres", y afirman que la causa de esta situación está en lo que llaman "fundamentalismo de mercado".
Se trata de la aplicación "despiadada" de la lógica del mercado, afirman, que "ha producido graves daños como el deterioro del ambiente y el cambio climático", así como "el aumento de los precios de los alimentos y del combustible"".
Esto es consecuencia, añaden, "de las leyes de un mercado sin alma que ha hecho aún más miserables las condiciones de vida de multitudes de pobres en todo el mundo, poniendo en peligro el derecho fundamental a la vida".
Los obispos afirman con rotundidad que "si los individuos, las empresas y las naciones siguen buscando su propio interés, la dignidad humana será pisoteada y el mundo será cada vez más violento y deforme", en el cual las víctimas, "cuya dignidad humana es violada impunemente, se convertirán en presa fácil de la tentación a la violencia".
"No hay tiempo que perder", añaden. La crisis "no es en primer lugar estructural, sino moral". Los prelados se dirigen a toda la sociedad japonesa, empezando por los católicos.
"Si no hacemos nuestro el punto de vista de los marginados, nosotros, incluso sin intenciones maliciosas, nos acabaremos poniendo de parte de aquellos que dicen que un cierto grado de violaciones de los derechos humanos es inevitable", concluyen.
La miseria económica constituye una amenaza para la paz mundial, y la aplicación rígida, sin reglas morales, de las leyes del mercado es una de las principales causas de humillación de la dignidad humana". Así lo afirman los obispos de Japón, en un mensaje hecho público con motivo del Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos.
En el texto, que recoge el diario "L'Osservatore Romano" en su edición de este martes, los prelados afirman que para asegurar la paz en el mundo es urgente "garantizar a todos, y mucho más en el clima de incertidumbre actual por la crisis económica mundial, la aplicación de los derechos humanos, liberando a los pueblos de la miseria".
Los obispos reconocen el "largo e importante camino" recorrido tras las dos guerras mundiales y la proclamación de los derechos humanos, y los esfuerzos de "muchas personas y organizaciones" en este sentido.
Sin embargo, recuerdan, "es un hecho que la desigual distribución de la riqueza y, en consecuencia, la desigual distribución de los beneficios, ha ampliado las diferencias entre los países ricos y los países pobres", y afirman que la causa de esta situación está en lo que llaman "fundamentalismo de mercado".
Se trata de la aplicación "despiadada" de la lógica del mercado, afirman, que "ha producido graves daños como el deterioro del ambiente y el cambio climático", así como "el aumento de los precios de los alimentos y del combustible"".
Esto es consecuencia, añaden, "de las leyes de un mercado sin alma que ha hecho aún más miserables las condiciones de vida de multitudes de pobres en todo el mundo, poniendo en peligro el derecho fundamental a la vida".
Los obispos afirman con rotundidad que "si los individuos, las empresas y las naciones siguen buscando su propio interés, la dignidad humana será pisoteada y el mundo será cada vez más violento y deforme", en el cual las víctimas, "cuya dignidad humana es violada impunemente, se convertirán en presa fácil de la tentación a la violencia".
"No hay tiempo que perder", añaden. La crisis "no es en primer lugar estructural, sino moral". Los prelados se dirigen a toda la sociedad japonesa, empezando por los católicos.
"Si no hacemos nuestro el punto de vista de los marginados, nosotros, incluso sin intenciones maliciosas, nos acabaremos poniendo de parte de aquellos que dicen que un cierto grado de violaciones de los derechos humanos es inevitable", concluyen.
miércoles, 19 de noviembre de 2008
FIRMAR CONTRA EL ABORTO
Campaña de recogida de firmas contra el aborto como derecho humano
Organizaciones pro familia y pro vida respaldan la iniciativa de C-FAM
MADRID, martes, 18 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Está en marcha una campaña de firmas contra que el aborto sea declarado derecho humano por la ONU, tal como se propone un ‘lobby' abortista, en el 60 aniversario de la creación de organización internacional en 1948.
Según informa a ZENIT, Elsa Yolanda Márquez Reyes, una de las promotoras, se ha organizado una campaña de recogida de firmas "para evitar que la ONU declare el aborto un derecho humano". "Seamos la voz de los que no tienen voz", afirma.
Los impulsores de la campaña, organizaciones pro familia y pro vida, afirman que, con motivo de que el próximo 10 de diciembre se celebra el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, el ‘lobby' abortista está intentando pasar como derecho humano el aborto, llamándole derecho a la vida (de la madre).
Desde todo el mundo se están haciendo llegar firmas para impedirlo. En inglés ya tienen más de treinta mil firmas. En español no llegan a siete mil firmas.
Todas las firmas se presentarán en la sede de Naciones Unidas el mismo 10 de diciembre y se espera que sean más de cien mil.
La campaña la lidera C-FAM, una organización fundada en 1997 para hacer un seguimiento e influir en el debate sobre políticas sociales en Naciones Unidas y otras instituciones internacionales.
Es un instituto de investigación no partidista, sin ánimo de lucro, dedicado a restablecer una comprensión ajustada del derecho internacional, proteger la soberanía nacional y la dignidad de la persona humana.
El módulo a firmar, en numerosos idiomas, recuerda que la Declaración Universal es el logro de un estándar común para todas las personas y todas las naciones, e indica que se debe dar apropiada consideración a: el derecho a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, teniendo cada niño o niña el derecho a ser concebido, nacido y educado dentro de su familia, basada en el matrimonio de un hombre y una mujer, siendo la familia el grupo de unidad natural y fundamental de la sociedad; el derecho de cada niño o niña a ser educado por sus padres, quienes tienen la prioridad y derecho fundamental a elegir el tipo de educación que se les dará a sus hijos.
Por eso el firmante solicita a todos los gobiernos interpretar de manera apropiada la Declaración Universal de los Derechos Humanos dado que: Todas las personas tienen el derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal (Artículo 3); Los hombres y mujeres en edad madura, sin ninguna limitación debido a su raza, nacionalidad o religión, tienen derecho a contraer matrimonio y a establecer una familia. (Artículo 16); La familia es el grupo de unidad natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a protección por parte de la sociedad y el estado (Artículo 16); La maternidad y la niñez da derecho a asistencia y cuidados especiales (Articulo 25); Los padres tienen el derecho prioritario a elegir el tipo de educación que se les dará a sus hijos (Articulo 26).
Para más información:
http://www.c-fam.org/publications/id.97/default.asp
Organizaciones pro familia y pro vida respaldan la iniciativa de C-FAM
MADRID, martes, 18 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Está en marcha una campaña de firmas contra que el aborto sea declarado derecho humano por la ONU, tal como se propone un ‘lobby' abortista, en el 60 aniversario de la creación de organización internacional en 1948.
Según informa a ZENIT, Elsa Yolanda Márquez Reyes, una de las promotoras, se ha organizado una campaña de recogida de firmas "para evitar que la ONU declare el aborto un derecho humano". "Seamos la voz de los que no tienen voz", afirma.
Los impulsores de la campaña, organizaciones pro familia y pro vida, afirman que, con motivo de que el próximo 10 de diciembre se celebra el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, el ‘lobby' abortista está intentando pasar como derecho humano el aborto, llamándole derecho a la vida (de la madre).
Desde todo el mundo se están haciendo llegar firmas para impedirlo. En inglés ya tienen más de treinta mil firmas. En español no llegan a siete mil firmas.
Todas las firmas se presentarán en la sede de Naciones Unidas el mismo 10 de diciembre y se espera que sean más de cien mil.
La campaña la lidera C-FAM, una organización fundada en 1997 para hacer un seguimiento e influir en el debate sobre políticas sociales en Naciones Unidas y otras instituciones internacionales.
Es un instituto de investigación no partidista, sin ánimo de lucro, dedicado a restablecer una comprensión ajustada del derecho internacional, proteger la soberanía nacional y la dignidad de la persona humana.
El módulo a firmar, en numerosos idiomas, recuerda que la Declaración Universal es el logro de un estándar común para todas las personas y todas las naciones, e indica que se debe dar apropiada consideración a: el derecho a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, teniendo cada niño o niña el derecho a ser concebido, nacido y educado dentro de su familia, basada en el matrimonio de un hombre y una mujer, siendo la familia el grupo de unidad natural y fundamental de la sociedad; el derecho de cada niño o niña a ser educado por sus padres, quienes tienen la prioridad y derecho fundamental a elegir el tipo de educación que se les dará a sus hijos.
Por eso el firmante solicita a todos los gobiernos interpretar de manera apropiada la Declaración Universal de los Derechos Humanos dado que: Todas las personas tienen el derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal (Artículo 3); Los hombres y mujeres en edad madura, sin ninguna limitación debido a su raza, nacionalidad o religión, tienen derecho a contraer matrimonio y a establecer una familia. (Artículo 16); La familia es el grupo de unidad natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a protección por parte de la sociedad y el estado (Artículo 16); La maternidad y la niñez da derecho a asistencia y cuidados especiales (Articulo 25); Los padres tienen el derecho prioritario a elegir el tipo de educación que se les dará a sus hijos (Articulo 26).
Para más información:
http://www.c-fam.org/publications/id.97/default.asp
lunes, 13 de octubre de 2008
DERECHOS HUMANOS ONU
Derechos humanos: ¿utopía o realidad?
Fernando Pascual
Mujer Nueva
Europa y la fe
Hilaire Belloc
De todo un poco
La Declaración Universal de los Derechos Humanos llega en este año 2008 a su 60 aniversario. ¿Con qué frutos reales?
¿Qué ha sido llevado a cabo de cuanto, con tan buena voluntad, fue aprobado el 10 de diciembre de 1948? ¿Ha quedado en utopía un esfuerzo por promover la justicia universal? ¿O podemos decir que los derechos humanos han modificado positivamente el modo de vivir de los pueblos y de las personas?
Si cogemos la lista de los derechos aprobados, y empezamos también a señalar aquellos que no han sido respetados aquí o allá, ayer o, por desgracia, todavía hoy, el panorama puede resultar desolador.
Pero también es justo reconocer que muchos hombres y mujeres, desde lugares muy distintos del planeta, con profesiones que van desde las más sencillas hasta las más tecnificadas, han sabido asumir y promover en la propia vida y en las vidas de aquellos que estaban a su alrededor, muchos de los derechos humanos.
Podemos pensar en los millones de padres y madres de familia que han acogido y defendido el derecho a la vida de sus hijos (desde el embarazo, hay que explicitarlo), les han dado alimento, les han vestido, les han transmitido los instrumentos básicos de la educación, les han enseñado los valores que permiten la convivencia cívica
Ha habido avances indudables Podemos añadir el número de millones de personas que se han entregado a actividades de voluntariado en favor de los pobres, los enfermos, los abandonados, los relegados, superando muchas fronteras culturales y políticas que parecían infranqueables.
Podemos recordar a los millones de obreros que han dedicado sus vidas en tantos sectores productivos, para garantizar el que hoy muchas millones de personas puedan tener una casa en condiciones de dignidad y de higiene aceptables. O a los millones de campesinos y comerciantes que han asegurado no sólo la producción, sino también el traslado y conservación de los alimentos con los que muchos (por desgracia, no todos) podemos sostener nuestras necesidades materiales.
También hay que tener presentes a los millones de maestros, profesores técnicos o universitarios, que hacen posible todos los días, por medio de las clases y del estudio, la educación de pueblos enteros a lo largo y ancho del planeta.
En ocasiones a costa de no poco esfuerzo
¿Y qué decir de la multitud de médicos y enfermeros que aseguran, día a día, a veces en medio de sacrificios no pequeños, la difusión de medidas higiénicas que promueven la salud, o que buscan asistir a los enfermos en la búsqueda de su pleno restablecimiento, o que les ofrecen un alivio en medio de sus dolores y penas, con el fin de acompañarles en las últimas etapas de sus vidas?
No sería justo olvidar, en la historia de la realización de los derechos humanos, a los millares de servidores del orden público, policías y bomberos, militares, funcionarios y miembros de la protección civil, que han intervenido en tantas y tantas situaciones en las que la emergencia o la injusticia han puesto en peligro muchos de los derechos fundamentales. Algunos de ellos han pagado, con su vida, este servicio en favor del orden público y de la equidad.
Sería igualmente injusto olvidar a los políticos sinceros y auténticos (que los hay) que han buscado servir a sus pueblos con abnegación y renuncia, muchas veces en medio de un ambiente hostil y de presiones que querían apartarlos de su esfuerzo por proteger a las comunidades para convertirlos en colaboradores del mal y de la opresión. Como también es de justicia incluir en la lista a tantos jueces honestos que han defendido y defienden los derechos fundamentales de la declaración de la ONU en su trabajo cotidiano, sencillo, humilde, lleno de seriedad e imparcialidad.
Hay que seguir vigilando y trabajando No hay que suponer ingenuamente que el mundo haya erradicado profundos sufrimientos después de 1948. El mal existe, y hay que seguir luchando contra él. Pero en medio de las enormes injusticias de todo tipo que impiden la plena realización de los derechos del hombre, es de justicia reconocer la labor de millones de ciudadanos anónimos que construyen ese mundo mejor, que dan algo de luz y de esperanza a esta humanidad cansada de sufrir. Son ellos los auténticos protagonistas de los derechos humanos, pues no existe ningún derecho si no existe, junto a tal derecho, quien acepte el reto de respetarlo, de hacerlo realidad para el bien de otros.
Antes y después de 1948, millones de hombres y mujeres de buena voluntad han permitido que los derechos humanos fuesen una bella realidad. A todos ellos les damos, de corazón, las gracias.
A los que seguimos en el camino de la historia humana, nos toca recoger la estafeta que muchos han llevado con tanta altura, para promover una auténtica cultura de los derechos humanos, basada en el respeto y el amor hacia cada hombre. “Sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, como leemos en el artículo 2 de la Declaración Universal que se prepara para cumplir 60 años de “vida”.
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kantu0220@gmail.com
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Mujer Nueva
Europa y la fe
Hilaire Belloc
De todo un poco
La Declaración Universal de los Derechos Humanos llega en este año 2008 a su 60 aniversario. ¿Con qué frutos reales?
¿Qué ha sido llevado a cabo de cuanto, con tan buena voluntad, fue aprobado el 10 de diciembre de 1948? ¿Ha quedado en utopía un esfuerzo por promover la justicia universal? ¿O podemos decir que los derechos humanos han modificado positivamente el modo de vivir de los pueblos y de las personas?
Si cogemos la lista de los derechos aprobados, y empezamos también a señalar aquellos que no han sido respetados aquí o allá, ayer o, por desgracia, todavía hoy, el panorama puede resultar desolador.
Pero también es justo reconocer que muchos hombres y mujeres, desde lugares muy distintos del planeta, con profesiones que van desde las más sencillas hasta las más tecnificadas, han sabido asumir y promover en la propia vida y en las vidas de aquellos que estaban a su alrededor, muchos de los derechos humanos.
Podemos pensar en los millones de padres y madres de familia que han acogido y defendido el derecho a la vida de sus hijos (desde el embarazo, hay que explicitarlo), les han dado alimento, les han vestido, les han transmitido los instrumentos básicos de la educación, les han enseñado los valores que permiten la convivencia cívica
Ha habido avances indudables Podemos añadir el número de millones de personas que se han entregado a actividades de voluntariado en favor de los pobres, los enfermos, los abandonados, los relegados, superando muchas fronteras culturales y políticas que parecían infranqueables.
Podemos recordar a los millones de obreros que han dedicado sus vidas en tantos sectores productivos, para garantizar el que hoy muchas millones de personas puedan tener una casa en condiciones de dignidad y de higiene aceptables. O a los millones de campesinos y comerciantes que han asegurado no sólo la producción, sino también el traslado y conservación de los alimentos con los que muchos (por desgracia, no todos) podemos sostener nuestras necesidades materiales.
También hay que tener presentes a los millones de maestros, profesores técnicos o universitarios, que hacen posible todos los días, por medio de las clases y del estudio, la educación de pueblos enteros a lo largo y ancho del planeta.
En ocasiones a costa de no poco esfuerzo
¿Y qué decir de la multitud de médicos y enfermeros que aseguran, día a día, a veces en medio de sacrificios no pequeños, la difusión de medidas higiénicas que promueven la salud, o que buscan asistir a los enfermos en la búsqueda de su pleno restablecimiento, o que les ofrecen un alivio en medio de sus dolores y penas, con el fin de acompañarles en las últimas etapas de sus vidas?
No sería justo olvidar, en la historia de la realización de los derechos humanos, a los millares de servidores del orden público, policías y bomberos, militares, funcionarios y miembros de la protección civil, que han intervenido en tantas y tantas situaciones en las que la emergencia o la injusticia han puesto en peligro muchos de los derechos fundamentales. Algunos de ellos han pagado, con su vida, este servicio en favor del orden público y de la equidad.
Sería igualmente injusto olvidar a los políticos sinceros y auténticos (que los hay) que han buscado servir a sus pueblos con abnegación y renuncia, muchas veces en medio de un ambiente hostil y de presiones que querían apartarlos de su esfuerzo por proteger a las comunidades para convertirlos en colaboradores del mal y de la opresión. Como también es de justicia incluir en la lista a tantos jueces honestos que han defendido y defienden los derechos fundamentales de la declaración de la ONU en su trabajo cotidiano, sencillo, humilde, lleno de seriedad e imparcialidad.
Hay que seguir vigilando y trabajando No hay que suponer ingenuamente que el mundo haya erradicado profundos sufrimientos después de 1948. El mal existe, y hay que seguir luchando contra él. Pero en medio de las enormes injusticias de todo tipo que impiden la plena realización de los derechos del hombre, es de justicia reconocer la labor de millones de ciudadanos anónimos que construyen ese mundo mejor, que dan algo de luz y de esperanza a esta humanidad cansada de sufrir. Son ellos los auténticos protagonistas de los derechos humanos, pues no existe ningún derecho si no existe, junto a tal derecho, quien acepte el reto de respetarlo, de hacerlo realidad para el bien de otros.
Antes y después de 1948, millones de hombres y mujeres de buena voluntad han permitido que los derechos humanos fuesen una bella realidad. A todos ellos les damos, de corazón, las gracias.
A los que seguimos en el camino de la historia humana, nos toca recoger la estafeta que muchos han llevado con tanta altura, para promover una auténtica cultura de los derechos humanos, basada en el respeto y el amor hacia cada hombre. “Sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”, como leemos en el artículo 2 de la Declaración Universal que se prepara para cumplir 60 años de “vida”.
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